Tags: , | Categorias: Arquitectura Sustentable Publicado por Armando Chamorro el 03/05/2011 17:02

Por: Armando Chamorro

En la actualidad los niños pasan más del 90% de su tiempo en ambientes interiores, gran parte de ese tiempo es en sus escuelas. En el caso de doble escolaridad suele estar hasta  un 33% del día en ambientes cerrados. Los padres o tutores esperan que el ambiente escolar sea saludable y sustentable, maximizando así el potencial de aprendizaje de cada niño. En realidad, un aprendizaje integral y  efectivo requiere de aulas con características sustentables.
Aquí nos enfrentamos a un interrogante: ¿Las escuelas actuales son sustentables?

¿Qué beneficios acompañan a un estudiante dentro de un aula sustentable?

Actualmente, se reconoce en todo el mundo los innumerables beneficios de una buena calidad del aire interior en las escuelas. Estudios realizados en EEUU muestran que las calificaciones y los puntajes de los estudiantes aumentan cuando se mejora la calidad de aire interior. Otros estudios demuestran que más de la mitad del personal académico consideraba no trabajar más en el establecimiento debido a la pobre calidad del aire interior, citando como problema principal la humedad, goteras, hongos, el bajo confort térmico y ventilación deficiente.

La responsabilidad de diseñar, construir y operar escuelas debe recaer sobre profesionales capacitados con conocimientos de sustentabilidad edilicia, donde el objetivo principal sea lograr un ambiente que potencie el desarrollo intelectual y minimice los efectos asociados con la baja calidad del aire interior.
Desde el punto de vista de ambientes interiores, se reconoce desde hace muchos años que la buena calidad del aire interior reduce enfermedades, no solo en los niños, sino también en el staff educativo, con la consecuencia directa en la reducción de costos operativos como producto de una disminución en el ausentismo laboral.  Una adecuada calidad de aire interior también disminuye los días de enfermedad en niños. En sus padres, conlleva en forma indirecta a un menor ausentismo laboral incrementando la productividad, sin hijos enfermos en sus casas o las de sus abuelos.

¿Existen normativas internacionales de sustentabilidad en escuelas?

En la actualidad existen diversas normas internacionales que apuntan a diseñar, construir y operar escuelas en forma sustentable.
En el Reino Unido se ha desarrollado con gran éxito las normas BREEAM (BRE Environmental Assessment Method), un método de evaluación medioambiental de edificios. En el ámbito de operación de edificios existentes se sabe que la herramienta de sustentabilidad edilicia más utilizada en Latinoamérica es LEED (Leadership in Environmental and Energy Design) del US Green Building Council, la cual incluye una certificación específica para centros educativos con varios niveles de reconocimiento tales como edificio "Certificado", con sus siguientes categorías Plata, Oro y Platino. Los puntos claves de la certificación LEED son:
•    la sustentabilidad del sitio donde se encuentra la escuela,
•    el ahorro energético del edifico y sustentabilidad atmosférica,
•    el uso de materiales de construcción e insumos sustentables,
•    la reducción de consumo energético de la escuela,
•    la categorización que es la calidad del medio ambiente interior

Tal vez el punto más importante en la categorización es la calidad del medio ambiente interior, con sus tres componentes, la buena calidad de aire interior, la iluminación natural y una adecuada acústica.

Y bueno, ¿abrimos las ventanas?

Estudios publicados por la ASHRAE (American Society of Heating Refrigeration and Air Conditioning  Engineering) han demostrado mediante estudios cognitivos que una modesto cambio en la temperatura de aire interior de solo 5 grados C afecta la habilidad de un estudiante a realizar tareas que requieran concentración mental.   Desviaciones de la zona de confort térmico produce los estudiantes una reducción cognitiva, disminución de la atención, focalizando sus energías en una búsqueda por obtener un confort térmico que no existe.
Las variables de confort térmico deben estar satisfechas para obtener el deseado 80% de bienestar en el estudiantado, que durante las clases se encuentran por lo general en una posición sedentaria con un índice metabólico bajo. El confort térmico se obtiene acondicionando el aire interior.
Como pauta primordial, el aire interior en un aula debe estar térmicamente acondicionado. Siendo generalmente las temperaturas adecuadas para un confort térmico durante actividades sedentarias

en el rango de los 20 a los 24 grados Celsius dependiendo de la época del año, la humedad relativa entre el 30 y 65% y sin ráfagas de aire.

En cuanto al aire interior, los estándares de referencia utilizados ampliamente por LEED para el diseño y operación de aire acondicionado y ventilación en escuelas son los de ASHRAE (American Society of Heating Refrigeration and Air Conditioning Engineering), organización sin fines de lucro que cuenta con representación en nuestro país y brinda actualmente apoyo local al IRAM en la normativa de acondicionamiento térmico de edificios.

Dime donde están tus niños y te diré que respiran

Una adecuada calidad de aire interior conlleva también un acondicionamiento del aire desde la perspectiva de contaminantes. A los efectos de lograr centros educativos sustentables, las guías de LEED requieren que se evalúen los niveles de contaminantes del aire interior y del exterior en una zona inmediata a la escuela. Se ha demostrado que un cambio de localización de una escuela en una cuadra o dos puede ser significativo en la calidad del aire exterior. Por ejemplo, un establecimiento educativo cercano a una autopista puede recibir un gran aporte de contaminantes de tráfico vehicular de óxidos de azufre, nitrógeno, particulado y monóxido de carbono.    La apertura de ventanas para el ingreso de aire exterior, no es siempre lo más deseado, ya que el aire exterior en las grandes urbes, como la Ciudad de Buenos Aires, tiene un alto nivel de particulado (polvo) que debería ser filtrado.
¿Los filtros de aire son suficientes?

Gran parte del particulado en suspensión en las urbes es de escasa dimensión, desde unos pares de micrones a hasta unos cientos. Como referencia un cabello humano mide aproximadamente 100 micrones de espesor. Las partículas de escaso tamaño por lo general ingresan a las vías respiratorias inferiores (bronquios), sin ser filtradas, he de aquí la importancia de que el aire exterior ingrese a los ambientes interiores debidamente filtrado.
Por otro lado, la amplia colonización de palomas en las fachadas de los edificios porteños, implica que la apertura de ventanas tiene  una potencial exposición a hongos que se encuentran en las heces aviares, los que pueden producir infecciones en los niños.
Un control integral de plagas en el programa de mantenimiento edilicio de la escuela debe tener en cuenta este aspecto tal como lo requiere la certificación LEED. Durante las épocas donde las alergias se hacen más propensas, como en el caso de la primavera y otoño, el ingreso de aire exterior no debidamente filtrado aumenta las enfermedades respiratorias. LEED recomienda que el aire suplido a las aulas sea filtrado con filtros MERV 13, previniendo así que un gran porcentaje de aeroalergenos, tales como las esporas de hongos y polen, y otros contaminantes disparadores de asma y alergias floten en el aire interior.
Se debe tener en cuenta, que los sistemas de filtrado de los equipos de aire acondicionado tipo split o de ventana, tienen como función proteger las serpentinas de enfriado a los efectos de que se obtenga un buen intercambio de frío/calor. Por ende la función de dichos filtros no es necesariamente la de mejorar la calidad de aire suplido por el equipo.


La clave: la ventilación

La ventilación natural debe ser tenida en cuenta, el análisis de que tipo de contaminantes se encuentran cerca de las ventanas, especialmente en pisos bajos es esencial. Por ejemplo, en calles con alto tránsito vehicular, fábricas o establecimientos que emitan gases tóxicos, solventes de pinturas, soldaduras, arenados, etc. Las tomas de aire exterior del aire acondicionado, deben encontrarse en sectores limpios para prevenir que ingresen contaminantes a la escuela.
LEED, basando sus exigencias en los estándares de ASHRAE, permite y fomenta el uso de ventilación natural, siempre y cuando los niveles de contaminantes en el aire no superen los niveles aceptables permitidos y se mantenga un adecuado confort térmico. La alternativa de la ventilación natural requieren que se provea a cada estudiante con una cierta cantidad de aire exterior a los efectos de poder diluir los contaminantes del aire interior (Ej. virus, bacterias, olores). Por ejemplo, un aula de 4 metros por 5 requiere no menos de 800 litros de aire exterior por minuto debidamente acondicionado. Los equipos de tipo Split, si bien pueden llegar a brindar confort térmico, no proveen de aire exterior, resultando su uso en un 100% de recirculación del aire del aula. Más de 40 estudios realizados en EE.UU. durante los años 1960 y 1990 demuestran que la recirculación del aire incrementa las enfermedades respiratorias, el ausentismo y el síndrome del edifico enfermo en establecimientos educativos. Es una obligación educativa tener en cuenta la necesidad imperiosa de que las aulas cuenten con los cambios de aire eficaces.
La adecuada circulación de aire debidamente acondicionado (térmica y medioambientalmente hablando, promueve el bienestar de los ocupantes de la escuela, aumenta la productividad y los reduce costos operativos del establecimiento.

¿Cómo optimizamos los edificios que tenemos?

En cuanto al mantenimiento y operación de un establecimiento escolar, LEED también requiere que exista un plan de gerenciamiento de la calidad del aire interior, donde se tome en consideración y se prevea la contaminación producida por refacciones edilicias. Un relevamiento del edificio donde se evalúa la existencia de materiales que contengan materiales peligrosos.

En la Argentina, se destaca el amianto o asbestos, cuyas fibras producen cáncer del mesotelio, el cual fue ampliamente utilizado para aislaciones térmicas de calderas y tuberías, en revestimientos, pisos y techos, el plomo cuya ingestión produce Saturnismo, ampliamente utilizado en pinturas, cañerías y soldaduras y el mercurio, cuya ingestión produce efectos tóxicos al cerebro, utilizado en termostatos, y otros censores edilicios.
El plan de gerenciamiento de la calidad de aire debe contar con personal capacitado y asignar las tareas de prevención de condiciones que afecten la calidad del aire interior. Entre ellos de destaca el staff de mantenimiento, limpieza y personal administrativo. Antes de las refacciones, debe evaluarse como se realizan las tareas de demolición y reparación y qué impacto pueden tener sobre las áreas ocupadas, debiéndose segregar la zona de construcción de las ocupadas por educandos y educadores. La segregación debe tener barreras sólidas y se deben aislar el ingreso de personal de obra y sus materiales por zonas ocupadas.
Las exigencias básicas de una buena calidad de aire interior también requieren que los materiales que se utilicen en las refacciones tengan características sustentables, por ejemplo: pinturas con bajo nivel de solvente, exentas de compuestos cancerígenos y que su aplicación no deteriore la calidad del aire interior.

La purga de aire como etapa final en la construcción

Para terminar la refacción, es requisito indispensable el purgado del aire interior en las áreas refaccionadas antes de la ocupación de aire, incluyendo el de los mobiliarios (pupitres, mesas, escritorios, sillas), especialmente si tienen en su composición compuestos cancerígenos como las resinas de urea-formaldehido. Tal purgado debe realizarse a los efectos de que se emitan al aire los compuestos tóxicos antes de que ingresen los estudiantes al aula, fenómeno conocido en inglés como offgassing. LEED prescribe el tiempo y la cantidad de aire inyectada necesaria para un adecuado purgado como así también mediciones de la calidad del aire interior antes de ser ocupado. Los compuestos a medir incluyen en otros el formaldehido, los compuestos volátiles, el particulado, y el monóxido de carbono.
A través de una adecuada medición se constata y se garantiza una adecuada calidad de aire.

¿Cómo prevenimos?

Buscar soluciones innovadoras que minimicen el impacto medioambiental en las escuelas es un imperativo. La salud de nuestros niños en la Republica Argentina requiere de tal compromiso, la calidad del aire interior debe ser tomada en serio.

Pensando en un viejo refrán y dándole una vuelta de tuerca, hoy podemos asegurar sustentablemente que "LO QUE NO SE VE, SI SE SIENTE". Lo sienten todos los que están en el establecimiento en sus organismos y los que somos partícipes como padres, tíos y familiares. Ver lo que no se ve es tarea de todos. 

Sustentabilidad edilicia, la calidad del aire interior y la salud de los niños en nuestras escuelas.

Por: Armando Chamorro

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El Ing. Chamorro, es especialista en sustentabilidad edilicia, con matricula LEED AP, fue miembro de ASHRAE New York y presidente de ASHRAE Miami. Ha brindado consultaría medioambiental para diversos edificios educativos y administrativos durante dos décadas en EE.UU. y Latinoamérica, entre ellos Columbia University, Rockefeller University of New York, Scholl Board de Broward, Miami-Dade County School District, Florida International University y University of Miami. El Ing. Chamorro reside actualmente en la Argentina y brinda asesoramiento en sustentabilidad LEED a diversas entidades nacionales e internacionales.

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