Casa Ugalde de José Antonio Coderch

 

Hoy, desde Stepienybarno, nos vamos a animar con un tema que cuando menos a nosotros nos resulta curioso. Se supone que los arquitectos deberían ser especialistas en vivienda y en consecuencia tener muy claro cuáles son las mejores casas. Más de seis años estudiando no deberían dar para menos, aunque si reflexionamos un poco sobre la cuestión,  igual el tema  no está tan claro.

El conocimiento en arquitectura llega poco a poco. Nadie nace sabiendo cómo ser arquitecto, en esta disciplina no hay pequeños niños prodigio, no existe el Mozart de la arquitectura, ni el conocimiento llega sin esfuerzo. La capacidad para proyectar se adquiere durante el transcurso de la carrera, para una vez recibido ser capaz de poder realizar proyectos de viviendas colectivas o unifamiliares, que es de lo que va la entrada de hoy. Si no las proyectamos nosotros ¿quién lo hará?

Con todo ello no sería difícil suponer que el tema estrella de la carrera lógicamente debería ser la vivienda. Más aun cuando fuera de la escuela las posibilidades de construir un edificio que no tenga carácter residencial son mínimas, por no decir prácticamente nulas en los tiempos que corren.

Si el 95 % de los proyectos que hacemos los arquitectos son viviendas, quizás no tiene mucho sentido que algunas universidades (por no decir todas) planteen que el 95 % de los proyectos de sus alumnos desarrollaran sean edificios públicos, consiguiendo formar auténticos especialistas en museos y arquitectura de buen ver.  Visto así, no nos negarán que tamaña estupidez, tiene que ver con esta presunta capacidad para ser los únicos especialistas en el diseño de viviendas.

Por otro lado vamos a plantear una nueva pregunta que se subordina a la anterior y  que, en principio, nuevamente parece tener una respuesta obvia, pero nosotros nos vamos a permitir cuando menos dudar un poco de ella. ¿Cuántas casas conocemos los arquitectos?

En  cierta forma es una pregunta trampa. Nos referimos a conocer de verdad, a haberlas entendido y tenerlas en la cabeza. Y  no nos referimos a cualquier casa,  estamos hablando de casas de las que de verdad se pueda aprender.

De esas casas que bellamente definía Cela (cuando Corrales y Molezún le hacían su propia casa), “fruto del amor del hombre con la tierra nace la casa, esa tierra ordenada en la que el hombre se refugia cuando la tierra tiembla”

Nosotros pensamos que, en la mayoría de las ocasiones, se conocen superficialmente muchas casas. Las que vemos en los libros o  las revistas, en general no están lo suficientemente documentadas para pensar que nos hemos quedado con los matices y con la esencia de la casa. Como mucho podemos pensar que tiene buena pinta, y que por A o po B nos resulta atractiva. Y creemos que a este punto se pudiera añadir otra cuestión.

Cuántas veces nos paramos a recoger esa documentación más o menos extensa, y estudiarla a fondo, dedicarle horas, dibujarla, saber si el salón tienen una altura de 2.50 o de 2.80, tener en la cabeza los recorridos que se están produciendo, la sucesión de transiciones, lo que se ve o no desde cada punto, y así pudiéramos seguir con miles de aspectos que seguramente nos harían reconocer que en realidad no conocemos tantas casas y tan bien como pensamos. Esta cuestión bien se pudiera trasladar a edificios públicos, pero hoy toca el tema de la casa,  y con él vamos a seguir, porque aún se pude hacer alguna que otra  consideración más.

Hasta ahora hemos omitido el tema de la visita al edificio en cuestión, a esa casa ideal que habíamos afirmado que conocíamos. La pregunta que viene ahora parece de capital importancia.

¿Cuántas casas hemos visitado? Nuevamente, en el matiz está la clave de la respuesta. Se vuelve a entender que estamos hablando de “visitar” con tiempo suficiente para hacerse con la casa, y cuando decimos “casas” seguimos queriendo decir obras maestras de la arquitectura o por lo menos casas que verdaderamente tengan un interés grande. Y la respuesta será cuando menos sorprendente, tic – tac – tic – tac … en la mayoría de los casos  se podrán contar con los dedos de una mano o como mucho con alguno de la otra. ¿cierto?

Así que, si damos por hecho que el estudio particular y concienzudo no lo hacemos con tanta dedicación como seguramente debiéramos y que son pocas las buenas casas realmente visitadas, habrá que admitir que cuando menos nos entre la duda a la hora de considerarnos especialistas en vivienda.

Y lo peor del tema es que aunque hagamos propósito de enmienda, poner remedio no es tan fácil como pudiera parecer. La primera parte, la del estudio en casa, más o menos se puede solucionar con un poco de tiempo y acudiendo de vez en cuando a la biblioteca, pero la segunda parte, nosotros no la vemos tan clara.  

El atrevimiento de querer visitar una casa, una buena casa no es tan sencillo como parece, pero bueno…  siempre nos quedará pensar, que a pesar de lo poco que  sabemos de casas, nadie sabe más que nosotros sobre el tema. Por lo que, nuevamente, podemos descansar tranquilos ya que  nos podemos seguir considerando  los especialistas en vivienda, o por lo menos los más especialistas. 

 

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Autores de la entrada: Stepienybarno

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